Entrada #2
Hola otra vez.
Estaba pensando, el 1
de julio fue viernes, y ese día sucedió el evento de despedida por la
graduación.
Durante toda la tarde no podía pensar en otra cosa que no
fuera el fastidio que me generaba estar allí, con esas personas que no
me agradan tanto. Mi grupo de amigos (bueno, fue solo uno de mi grupo)
comenzó a llamarnos la “Promo HIPO” de hipócritas. Porque, seamos
sinceros, todos lo somos; al principio es “¡ay si amiga te voy a
extrañar!”, “estemos unidos” o “realmente los quiero a todos” y cuando
te das la vuelta, hablan mal de ti (no de mí), después de la graduación
pocos mantienen el contacto. También está cuando se rayan las camisas
del uniforme con mensajes tipo “chikita no cambies nunka” [es el que más
vi, Lord mío].
O sea me molesta.
No debería
molestarme por cosas que no me incumben, es decir, es problema de ellos
si quieren hacer esas cosas; pero tengo el problema que a veces me
mortifico por estupideces que hacen las personas estúpidas y ridículas
que realmente no soporto. De paso, yo debí haber dicho el discurso de
despedida, no la ridícula, mandona y arrogante chica
que-se-cree-superior que lo dijo. Es decir, fue tan cliché: “no es un
adiós, es un hasta luego”, de paso copió frases del discurso de una
amiga (para la materia de castellano, nos mandaron a hacer a cada uno un
discurso de graduación como parte de la evaluación de discurso oral,
por eso todos teníamos uno hecho, pero el mío fue de los mejores).
Hoy tengo las uñas pintadas de rojo, no sé qué tiene eso que ver, pero bueno.
Lo que más me emocionó del viernes fue el final. Pues ni lloré. Lloraría si los volviera a ver.
Sobre
mi discurso… lo llamé “De la hipocresía a lo siguiente”, cuando lo dije
en frente de todos en el salón algunos se molestaron (sabrán ellos
porqué). Me decidí por ese nombre después de pensarlo 5 segundos porque
mi discurso es la personificación literaria de la hipocresía de mi
curso, para aclarar, solo lean como comencé:
“Antes de
empezar este discurso, tengo algo que decir: no quiero alarmarlos, pero
esta clase… tiene un serio problema. No es un problema financiero. No es
un problema intelectual. Es un problema de actitud. Esta clase tiene el
serio problema de ser asombrosa y genial.”
I mind, mi clase
no era ni asombrosa ni genial, que teníamos fama de ser los mejores, sí.
Pero la situación interna era diferente.
Se que escribo para
desahogarme y tú lees, pero tampoco te voy a empalagar hablando de mis
compañeros. Hasta aquí hablo de ellos, no los odio totalmente, después
de todo, estuvimos juntos seis años.
“Que tengan una buena vida y los veo en la graduación o la próxima vez que el destino así lo quiera.”
Asi finaliza mi discurso, y Lord quiera que no los vuelva a ver.
Te contaré un secreto: llevo tres días sin bañarme.
No me juzgues, o hazlo, eres libre de hacerlo.
Buenos días,
Giselle.