lunes, 4 de julio de 2016

De discursos de graduación frustrados e hipocresía.

Entrada #2

Hola otra vez.

Estaba pensando, el 1 de julio fue viernes, y ese día sucedió el evento de despedida por la graduación. 
Durante toda la tarde no podía pensar en otra cosa que no fuera el fastidio que me generaba estar allí, con esas personas que no me agradan tanto. Mi grupo de amigos (bueno, fue solo uno de mi grupo) comenzó a llamarnos la “Promo HIPO” de hipócritas. Porque, seamos sinceros, todos lo somos; al principio es “¡ay si amiga te voy a extrañar!”, “estemos unidos” o “realmente los quiero a todos” y cuando te das la vuelta, hablan mal de ti (no de mí), después de la graduación pocos mantienen el contacto. También está cuando se rayan las camisas del uniforme con mensajes tipo “chikita no cambies nunka” [es el que más vi, Lord mío].

O sea me molesta.

No debería molestarme por cosas que no me incumben, es decir, es problema de ellos si quieren hacer esas cosas; pero tengo el problema que a veces me mortifico por estupideces que hacen las personas estúpidas y ridículas que realmente no soporto. De paso, yo debí haber dicho el discurso de despedida, no la ridícula, mandona y arrogante chica que-se-cree-superior que lo dijo. Es decir, fue tan cliché: “no es un adiós, es un hasta luego”, de paso copió frases del discurso de una amiga (para la materia de castellano, nos mandaron a hacer a cada uno un discurso de graduación como parte de la evaluación de discurso oral, por eso todos teníamos uno hecho, pero el mío fue de los mejores).

Hoy tengo las uñas pintadas de rojo, no sé qué tiene eso que ver, pero bueno.

Lo que más me emocionó del viernes fue el final. Pues ni lloré. Lloraría si los volviera a ver.

Sobre mi discurso… lo llamé “De la hipocresía a lo siguiente”, cuando lo dije en frente de todos en el salón algunos se molestaron (sabrán ellos porqué). Me decidí por ese nombre después de pensarlo 5 segundos porque mi discurso es la personificación literaria de la hipocresía de mi curso, para aclarar, solo lean como comencé:

  “Antes de empezar este discurso, tengo algo que decir: no quiero alarmarlos, pero esta clase… tiene un serio problema. No es un problema financiero. No es un problema intelectual. Es un problema de actitud. Esta clase tiene el serio problema de ser asombrosa y genial.”

I mind, mi clase no era ni asombrosa ni genial, que teníamos fama de ser los mejores, sí. Pero la situación interna era diferente.

Se que escribo para desahogarme y tú lees, pero tampoco te voy a empalagar hablando de mis compañeros. Hasta aquí hablo de ellos, no los odio totalmente, después de todo, estuvimos juntos seis años.

  “Que tengan una buena vida y los veo en la graduación o la próxima vez que el destino así lo quiera.”

Asi finaliza mi discurso, y Lord quiera que no los vuelva a ver.

Te contaré un secreto: llevo tres días sin bañarme.

No me juzgues, o hazlo, eres libre de hacerlo.

Buenos días,

Giselle.

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